El origen

«La casa de mis abuelos, exenta de lujos, era un espacio desbordante de hogar y también de historias»

¡Bienvenido, bienvenida!

Este es un espacio lleno de historias donde personas como tú o como yo son protagonistas; y fue creado para compartir y para sentirnos en grata compañía.

De niña, mis amigos eran los personajes de los cuentos a quien acompañaba en sus aventuras cada noche antes de dormir. Y por eso me gustan las historias. Porque me permiten reír, llorar, cantar, galopar, nadar, escalar, volar, soñar… y vivir emociones siempre en buena compañía. Así fue como nació en mí el gusto por leer, por contar historias y, posteriormente, por escribirlas…

También creo que este gusto fue influenciado por mi lugar de nacimiento: Barranco (Lima-Perú). Un barrio con tradición, y fuente de inspiración para artistas, pintores, compositores y poetas; cuya magnífica vista al mar ofrece un singular paisaje de románticos atardeceres que invita a recorrer sus pintorescas calles con sus casonas coloniales en donde el tiempo parece haberse detenido; como se ha detenido en cada una de las historias que hoy comparto contigo.

El viaje hacia la palabra: una historia de gratitud y consciencia

Mi historia nace con una niña feliz que habitaba entre libros y cuadernos, dando forma a sus propias versiones de cada relato que caía en sus manos. Tras egresar del colegio parroquial Santa Rosa de Barranco, de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, me capacité como profesora de Lengua Española, formación que complementé con estudios de Contabilidad en la Universidad San Martín de Porres.

La enseñanza fue mi primer gran escenario. Inicié en las aulas del Instituto ELA, donde me recibí con honores, para luego diseñar programas de estudios terciarios y asumir la dirección académica del Instituto de Idiomas, Secretariado y Aviación Comercial en Miraflores y Secretarial Training en San Isidro. Allí desarrollé un sistema propio para facilitar la comunicación escrita en el mundo empresarial y, en ese contacto directo con los estudiantes, comprendí que la educación es, ante todo, el puente hacia la libertad.

A los veinticinco años, el deseo de ampliar horizontes me condujo a la publicidad, en la transnacional J. Walter Thompson Peruana, como Jefa de Personal y Relaciones Públicas. Sin embargo, la vida —siempre generosa— me devolvió al oficio que conocía a la perfección: la corrección de estilo en Lima Editora. Ya establecida y con tres hijos, asumí durante diez años la dirección de las Jornadas de Lima en el Patronato de Lima. Al conectar a universitarios con escolares de toda la metrópoli, conocí las diversas realidades educativas de mi país; una experiencia que transformó mi visión: el éxito profesional solo cobra sentido a través de la entrega y el servicio.

Con esa convicción fundé mi propio instituto Intelecto y, posteriormente, Comunicarte: un espacio donde, además, me permití estudiar canto y locución profesional. Esas disciplinas me llevaron a cantar en diversos escenarios de Miraflores y Barranco, e incluso a la producción de un disco. Esa misma búsqueda del bienestar integral me impulsó a crear el Centro 11:11, donde formé terapeutas y diseñé un sistema de comunicación interpersonal basado en el desarrollo humano.

En 2003, junto a mi esposo —argentino—, fundamos la escuela Tenis Prendel en San Isidro, un proyecto que unió el deporte con nuestra vocación de servicio. Años después, la vida nos condujo a Argentina. Allí, mientras cursaba estudios de Antropología en la UNICEN, la radio me abrió sus puertas con el programa Resumiendo, en Olavarría.

A nuestro regreso al Perú, la misión se consolidó con el nacimiento de Comunicarte Editores, casa editoria de la cual soy CEO y Directora Editorial, junto a un dinámico y joven equipo de profesionales. Así, dimos vida a Amadeo, la serie de cuentos inclusivos que hoy cuenta con el reconocimiento del Ministerio de Educación y el Congreso de la República. Desde 2017, este compromiso con los libros se expande a través del Festival del Libro y la Lectura – FESTILEC, el organismo con el que rendimos homenaje a nuestros autores y sembramos el amor por los libros en niños y jóvenes a través de concursos escolares, en Ayacucho, Tacna y Huaraz.

Hoy, ya convertida en abuela de tres niños y dos niñas, y mientras continúo mis estudios de Filosofía en la Universidad Católica de La Plata —un camino que transito con la misma determinación con la que empecé—, miro hacia atrás con gratitud. Cada paso, cada estudio y cada emprendimiento han sido, en esencia, capítulos de un mismo libro: el de una vida dedicada a que la comunicación sea siempre un encuentro genuino, responsable y profundamente consciente.

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